miércoles, 19 de noviembre de 2008


Próspero Perfecto

 Dormía plàcidamente, envuelto en la suavidad de las sabanas blancas. El sueño de la muerte reflejado en el rostro, días sin dormir, por falta de espacio en su antigua casa; la calle.

Por la mañana, después de un bello amanecer y un cómodo despertar, un rico olor a manjares, quitando el poco sueño y alborotando el hambre incrustada en la piel, en el vientre, en el alma.

Había sido abandonado a muy temprana edad y hoy la vida le sonreía, el sol por primera vez, iluminaba su rostro enjuto.

Prospero Perfecto, es su nombre. ! Que ironía, que burla del destino!

Hoy, una bella familia, de bellos y sublimes sentimientos, que jamás tuvieron hijos, de este niño, se han hecho cargo:

Prospero Perfecto, que a pesar de haber pasado una infancia en un ambiente hostil; hoy tiene un horizonte promisorio, realmente llegando a hacer honor a su nombre; un hombre muy Próspero.

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